Père Goriot
Quotes from the Book
Conscience, my dear, is a kind of stick that everyone picks up to thrash his neighbor with, but one he never uses against himself.
Existen palabras que, semejantes a las trompetas, a los címbalos o al bombo de los titiriteros, atraen siempre al público. Las palabras belleza, gloria, poesía, poseen un sortilegio que seduce incluso a los espíritus más toscos.
Pentru a fi transmisă, ca şi pentru a fi pricepută, poezia cere o atenţie sfântă. Între cititori şi ascultători trebuie să se creeze un fluid, fără de care comunicarea electrică a sentimentelor nu mai are loc. De îndată ce această legătură sufletească lipseşte, poetul pare un înger care ar încerca să cânte un imn ceresc în mijlocul rânjetelor din iad.
Whoever wishes to rise above the common level must be prepared for a great struggle and recoil before no obstacle. A great writer is just simply a martyr whom the stake cannot kill.
¿No hay que haberlo experimentado todo para poder expresarlo todo? Y sentir vivamente, ¿no es sufrir? Por consiguiente, las poesías no se crean sino tras penosos viajes que se emprenden a las vastas regiones del pensamiento y de la sociedad.
Sufra, sufra, amigo mío, será famoso, sus penas son el precio de la inmortalidad. Mucho me gustaría a mí tener que soportar las penalidades de una lucha. Dios le guarde de una vida sin conflicto ni luchas, en la que las alas del águila no encuentran espacio bastante. ¡Envidio sus sufrimientos, pues al menos usted está vivo! ¡Desplegará sus fuerzas, esperará una victoria! Su lucha será gloriosa.
Hay momentos en la vida en que se desea tomar el camino más largo a fin de mantener vivo caminando el hervidero de ideas en el que nos encontramos inmersos y a cuyo fluir desea uno abandonarse.
De camino, se iba arrancando uno a uno los dardos envenenados que había recibido, hablaba en voz alta consigo mismo, replicaba a todos los necios a los que había tenido que enfrentarse, encontraba agudas respuestas a las tontas preguntas que le habían hecho y se desesperaba de ver que su genio se despertaba demasiado tarde.
Déjeme respirar el aire del anochecer, oír el croar de las ranas, admirar los rayos de la luna que cabrillean en las aguas; déjeme que me detenga en esta naturaleza, donde creo ver mi felicidad escrita en cada cosa y que se me aparece por vez primera en todo su esplendor, iluminada por el amor, embellecida por usted.
Madame Chardon y su hija Ève creían en Lucien como la mujer de Mahoma creyó en su marido; su abnegación por su porvenir no conocía límites.
Si en aquel semblante se adivinaban los destellos del genio que emprende el vuelo, igualmente se veían las cenizas junto al volcán; y la esperanza se extinguía en un profundo sentimiento de nulidad social, en la que los orígenes oscuros y la falta de fortuna mantienen a tantos espíritus superiores.
La vanidad de este poeta se vio, pues, halagada por esta mujer como lo había sido por su madre, por su hermana y por David. Todos a su alrededor seguían levantando el pedestal imaginario en el que él se ponía. Mantenido en sus ambiciosas creencias por todo el mundo, tanto por sus amigos como por la rabia de sus enemigos, se movía en una atmósfera llena de espejismos. Las jóvenes imaginaciones son cómplices tan naturales de estas alabanzas e ideas, todo contribuye de tal modo a servir a un apuesto joven con futuro, que se hace necesaria más de una amarga y fría lección para disipar tales quimeras.
Hay, efectivamente, pasiones que se encauzan mal o bien, según se quiera. Dos personas se confían a la táctica del sentimiento, hablan en vez de actuar y se baten en campo abierto en lugar de poner un cerco. Así se cansan a menudo de sí mismas al extenuar sus deseos en el vacío. Dos enamorados se dan entonces tiempo para reflexionar y juzgarse. Frecuentemente pasiones que habían entrado en campaña con las banderas desplegadas, pimpantes, con un ardor que lo arrollaba todo a su paso, acaban por volver a sus puestos sin haber logrado la victoria, avergonzadas, desarmadas y atontadas por su vano estruendo. Tales fatalidades resultan explicables en ocasiones por la timidez de la juventud y por las dilaciones de que gustan las mujeres que se inician, pues esta especie de mutuo engaño no se da ni en los fatuos duchos en la práctica, ni en las coquetas habituadas a los ardides de la pasión.
En esta amistad, ya vieja, uno de los dos amaba con idolatría, y era David. Por ello Lucien mandaba como mujer que se sabe amada. David obedecía de buen grado.
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